Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero...



En la segunda canción del "cántico espiritual", nos presenta San Juan de la Cruz la ayuda que busca el alma por medio de terceros (intercesores) al caer en la cuenta de la imposibilidad de comunicarse “presencialmente” con su amado….Estos terceros son utilizados para que le manifiesten el corazón del Amado que está “escondido”. San Juan de la Cruz, nos recuerda la "acción" del amor  y de un alma enamorada que existe para estar amando . 


Pastores, los que fuerdes;

“Los Pastores”: es el deseo que tiene de Dios. Expresar el afecto a Dios apacienta a la persona. Al comunicarnos  con Dios nos responde con su “divino pasto”.
Al decir  “los que fuerdes” (fuereís): nos habla de los deseos y gemidos que llegan a Dios, que son sólo los que salen de la persona “de verdadero amor”. Pastores también son  los ángeles  quienes llevan nuestros mensajes a Dios y viceversa. Apacentando de esta manera y protegiéndonos como verdaderos Pastores de los “Lobos”.


Allá por las majadas al otero.

Como hemos visto los Pastores son los mediadores y estos pueden ser ángeles. Ahora al hablarnos de “Majadas”: hacer referencia a las “jerarquías y coro de los ángeles”. “Otero”: no refiere a la “suma alteza”, lugar donde se pueden ver las majadas superiores e inferiores (jerarquía) a donde son llevadas nuestras oraciones a la presencia de Dios medio de los ángeles (Tobías 12,12).





"SALÍ TRAS TI CLAMANDO, Y ERAS IDO".


Solamente la Persona que hiere de Amor es la que puede curar, no hay otra medicina. Clama al que le dio el “toque de amor” (herida) para que le sane.

El “dar el paso” e ir tras la Persona amada (el de verdad), la que le hirió con el toque suave, es un movimiento que se da por amor. Tal es la fuerza que le da el amor que le hace: “aborrecer y despreciar” aquello que le “ataba” y era causa de daño para su alma. Que no era posible hacerlo antes. Le hacía falta a Ella el “toque delicado del amor”.

El encuentro con el amado le ayuda a experimentar una doble sensación:  Salir de las “cosas” y de “sí”… el toque de amor se transforma en un éxtasis….Veamos el texto: 

20. En las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hirió, y por eso esta herida alma salió en la fuerza del fuego que causó la herida tras de su Amado que la había herido, clamando a él para que la sanase.
Es de saber que este salir espiritualmente se entiende aquí de dos maneras, para ir tras Dios: la una, saliendo de todas las cosas, lo cual se hace por aborrecimiento y desprecio de ellas; la otra, saliendo de sí misma por olvido de sí, lo cual se hace por el amor de Dios. Porque, cuando éste toca al alma con las veras que se va diciendo aquí, de tal manera la levanta, que no sólo la hace salir de sí misma por olvido de sí, pero aun de sus quicios y modos e inclinaciones naturales la saca, clamando por Dios. Y así, es como si dijera: Esposo mío, en aquel toque tuyo y herida de amor sacaste mi alma, no sólo de todas las cosas, mas también la sacaste e hiciste salir de sí (porque, a la verdad, y aun de la carnes parece la saca), y levantástela a ti clamando por ti, ya desasida de todo para asirse a ti.

Causa gran pena aun no tener la “posesión total”, de la persona amada. No encuentra la ganancia de la perdida de o anterior. Sí siente que la tiene peor no de forma “total”(Es un proceso y se necesita tiempo).

21. Pero dice allí la Esposa que quedó llagada, porque no le halló; y aquí el alma también dice que está herida de amor, y la dejó así. Por eso, el enamorado vive siempre penado en la ausencia, porque él está ya entregado al que ama, esperando la paga de la entrega que ha hecho, y es la entrega del Amado a él, y todavía no se le da; y estando ya perdido a todas las cosas y a sí mismo por el Amado, no ha hallado la ganancia de su pérdida, pues carece de la posesión del que ama su alma.

(CB 1, 20-22)  




"HABIÉNDOME HERIDO"

 1. Encontramos en este verso la situación dificultosa que vive el alma, experiementa la ausencia de la persona amada, ya este es un dolor habitual, hay una “distancia” una determinada situación que los separa.  “Un contexto”, en este caso es la falta de la entrega plena. Estado que hiere a la Persona le causa pena y dolor. Veamos el texto:


"Que es como si dijera: no sólo me bastaba la pena y el dolor que ordinariamente padezco en tu ausencia, sino que, hiriéndome más de amor con tu flecha y aumentando la pasión y apetito de tu vista, huyes con ligereza de ciervo y no te dejas comprehender algún tanto".
CB 1,16


2. A esto le sumamos la herida de amor que le dejo antes de huir con ligereza. Buscando la soledad seguramente. El alma ha recibido “vistas de amor”, las cuales han sido muy subidas (de vez en cuando). Tales vistas le inflaman el corazón y lo llenan de fuego que lo transforma estas experiencia le hacen “sentir su propio Ser”, toca su esencia. Toma como símil el Ave fénix.
Es de notar que las dichas “Vistas” no tienen el propósito de sanar, sino de avivar más el dolor, hiriendo, provocando “gemidos”.  Para  atizar  y aumentar el deseo de la persona por el Otro. Veamos el texto:


"Para más declaración de este verso es de saber que, allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos toques de amor, que a manera de saeta de fuego hieren y traspasan el alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor. Y éstas propiamente se llaman heridas de amor, de las cuales habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la voluntad en afición, que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor; tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, así como el ave fénix que se quema y renace de nuevo". CB 1,17


"Este sentimiento acaece así tan grande porque en aquella herida de amor que hace Dios al alma levántase el afecto de la voluntad con súbita presteza a la posesión del Amado, cuyo toque sintió. Y con esa misma presteza siente la ausencia y el no poderle poseer aquí como desea; y así, luego allí juntamente siente el gemido de la tal ausencia, porque estas visitas tales no son como otras en que Dios recrea y satisface al alma, porque éstas solo las hace más para herir que para sanar, y más para lastimar que para satisfacer, pues sirven para avivar la noticia y aumentar el apetito y, por consiguiente, el dolor y ansia de ver a Dios". CB 1,19




"COMO EL CIERVO HUISTE"


Compara San Juan de la Cruz,  el proceder de Dios con el modo de actuar del  “Ciervo”: esquivo, aparece y desaparece. Pareciera que fuera de “humo”. Cualquier ruido,  “volumen alto”,  lo puede espantar, al verse acorralado o presionado huye. Este aparecer y desaparecer tiene un doble propósito: animar a la persona con la "presencia" y probarla mediante la "ausencia", y así enseñarle a madurar en la fe.   Veamos el texto:


 “Donde es de notar que en los Cantares compara la Esposa al Esposo al ciervo y cabra  montañesa, diciendo: “Semejante es mi Amado a la cabra y al hijo de los ciervos”. Y esto no es sólo por ser  extraño y solitario, y huir de las compañías, como el ciervo, sino también por la presteza  de esconderse y mostrarse, cual suele hacer en las visitas que hace a las devotas almas  para regalarlas y animarlas, y en los desvíos y ausencias que las hace sentir después de  las tales visitas, para probarlas y humillarlas y enseñarlas; por lo cual las hace sentir con  mayor dolor la ausencia.”     CB 1, 15

"Amado, y me dejaste con gemido?"

Veremos lo que encontraremos en la explicación de este verso:

  • San Juan de la Cruz nos invita a llamarle a Dios “Amado”, de esta manera Él atenderá más rápido nuestras suplicas. “de Dios no se alcanza nada si no es por amor”.  CB 1,13
  • La ansiedad por Dios causa un constante “Gemir”. En nada encuentra alivio a la pena que siente por Dios. El que verdaderamente ama a Dios con ninguna otra cosa se contenta, aunque “todo” lo tenga no estará contento.
  • Y en esta vida sabe que no lo puede poseer totalmente.  Siempre expresará gemidos de amor, desde un corazón enamorado, por la herida causada por Dios.
  • Queda al Amante la “esperanza de lo que falta”…. El encuentro pleno con el que ama, en una espera pacífica.  Veamos el texto:


“En lo que dice luego: Y me dejaste con gemido, es de notar que la ausencia del Amado causa continuo gemir en el amante, porque, como fuera de él nada ama, en nada descansa ni recibe alivio. De donde, en esto se conocerá el que veras a Dios ama, si con ninguna cosa menos que él se contenta. Mas ¿qué digo se contenta? Pues, aunque todas juntas las posea, no estará contento, antes cuantas más tuviere estará menos satisfecho; porque la satisfacción del corazón no se halla en la posesión de las cosas, sino en la desnudez de todas ellas y pobreza de espíritu. Que, por consistir en ésta la perfección de amor en que se posee Dios con muy junta y particular gracia, vive el alma en esta vida, cuando ha llegado a ella, con alguna satisfacción, aunque no con hartura, pues que David (Sal. 16, 15), con toda su perfección, la esperaba en el cielo, diciendo: Cuando pareciere tu gloria, me hartaré.


Y así, no le basta la paz y tranquilidad y satisfacción de corazón a que puede llegar el alma en esta vida, para que deje de tener dentro de sí gemido, aunque pacífico y no penoso, en la esperanza de lo que falta. Porque el gemido es anejo a la esperanza; como el que decía el Apóstol (Rm. 8, 23) que tenía él y los demás, aunque perfectos, diciendo: Nosotros mismos, que tenemos las primicias del espíritu, dentro de nosotros mismos gemimos esperando la adopción de hijos de Dios. Este gemido, pues, tiene aquí el alma dentro de sí en el corazón enamorado; porque donde hiere el amor, allí está el gemido de la herida clamando siempre en el sentimiento de la ausencia, mayormente cuando habiendo ella gustado alguna dulce y sabrosa comunicación del Esposo, ausentándose, se quedó sola y seca de repente. Que por eso dice luego: CB 1,14

¿A dónde te escondiste?

Es de notar, en explicación de este verso, las ideas que nos  presenta San Juan de la Cruz sobre la experiencia sensible o no de Dios:

  • Pide al Hijo que le muestre el lugar donde se esconde.
  • El Hijo de Dios está en un lugar ajeno a todo entendimiento humano.
  • Toda experiencia del Dios por muy subida que sea no es esencialmente Dios (Totalidad). Nuestro Dios es un “Dios escondido”.
  • Por otro lado, la sequedad tampoco es testimonio de su ausencia.
  • Dios es un Tesoro escondido en el campo de nuestro corazón y hay que “escondernos” para encontrar al que está “escondido”  (CB 1,8-9). 
Veamos el Texto: 

Y es como si dijera: «Verbo, esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido».  En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar adonde está  escondido el Hijo de Dios es, como dice San Juan, en el seno del Padre, que es la esencia  divina, la cual es ajena de todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento;  que por eso Isaías, hablando con Dios, dijo: "Verdaderamente tú eres Dios escondido".

De donde es de notar que por grandes  comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida  tenga, no es aquello esencialmente Dios ni tiene que ver con él; porque todavía a la  verdad le está al alma escondido, y por eso siempre le conviene al alma, sobre todas esas  grandezas, tenerle por escondido y buscarle escondido, diciendo: «¿Adónde te  escondiste?» porque ni la alta comunicación ni presencia sensible es cierto testimonio de  su graciosa presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma lo es de su  ausencia en ella; lo cual el profeta Job dice: «Si viniere a mí no le veré, y si se fuere no lo entenderé».  CB 1,3


Nuestro interior capaz de infinito: Llama 3,18

En la tercera canción de “LIama de Amor viva”, San Juan de la Cruz, nos habla de la capacidad de infinito que hay en nuestro interior. Esta capacidad de infinito sólo se puede llenar con Dios. Como algo extraño veremos que a pesar de esta “capacidad” cualquier “cosita” se pega en nuestro interior, haciéndonos esclavos, pero no da plenitud ni llenan. No se da cuenta la Persona de su gran capacidad por estar ocupadas “ser capaces de bienes infinitos”.  En otra etapa del camino espiritual luego de estar purificadas es grande el “hambre” de “deseo” de Dios.  Se encuentra vacío, libre de creatura, tendiendo a Dios.  Interesante es que  Dios no le termina de darle “comunicación” de sus bienes plenamente, apenas se está dando la disposición de parte de la persona, se ven resquicios de la Gloria de Dios, y esta pena es muy grande. Creerá en algún momento, erradamente, que estaba mejor antes de la purificación. Veamos el texto:

Estas cavernas son las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad, las cuales son tan profundas cuanto de grandes bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito.
Cuanto a lo primero, es de notar que estas cavernas de las potencias, cuando no están vacías y purgadas y limpias de toda afición de criatura, no sienten el vacío grande de su profunda capacidad; porque en esta vida cualquiera cosilla que a ellas se pegue basta para tenerlas tan embarazadas y embelesadas que no sientan su daño y echen menos sus inmensos bienes ni conozcan su capacidad. Y es cosa admirable que, con ser capaces de infinitos bienes, baste el menor de ellos a embarazarlas de manera que no los puedan recibir hasta de todo punto vaciarse, como luego diremos.
Pero cuando están vacías y limpias, es intolerable la sed y hambre y ansia del sentido espiritual; porque, como son profundos los estómagos de estas cavernas, profundamente penan, porque el manjar que echan menos también es profundo, que, como digo, es Dios.
Y este tan grande sentimiento comúnmente acaece hacia los fines de la iluminación y purificación del alma, antes que llegue a unión, donde ya se satisfacen. Porque, como el apetito espiritual está vacío y purgado de toda criatura y afección de ella, y perdido el temple natural, está templado a lo divino y tiene ya el vacío dispuesto, y, como todavía no se le comunica lo divino en unión de Dios, llega el penar de este vacío y sed más que a morir, mayormente cuando por algunos visos o resquicios se le trasluce algún rayo divino y no se le comunican. Y éstos son los que penan con amor impaciente, que no pueden estar mucho sin recibir o morir. LI 3,18


Los padecimientos (Purificación) y el sentido de estos….

San Juan de la Cruz, al describir el estado de la vivencia espiritual en el libro de la “Llama de amor viva” al explicar el verso: “y toda deuda paga”.  Nos señala que de  vía ordinaria, ningún alma puede llegar al “alto  estado y reino del desposorio”, que no pase primero por muchas tribulaciones y trabajos. Presenta los tipos de padecimientos y la razón de estos tormentos que vienen siendo una especie de “purgatorio” en la tierra. Veamos el texto:
Los trabajos, pues, que padecen los que han de venir a este estado, son en tres maneras, conviene a saber: trabajos y desconsuelos, temores y tentaciones de parte del siglo, y esto de muchas maneras; tentaciones y sequedades y aflicciones de parte del sentido; tribulaciones, tinieblas, aprietos, desamparos, tentaciones y otros trabajos de parte del espíritu, porque de esta manera se purifique según las partes espiritual y sensitiva…
                Y la razón de por qué son necesarios estos trabajos para llegar a este estado es que así como un subido licor no se pone sino en un vaso fuerte, preparado y purificado, así esta altísima unión no puede caer en alma que no sea fortalecida con trabajos y tentaciones, y purificada con tribulaciones, tinieblas y aprietos; porque por lo uno se purifica y fortalece el sentido y por lo otro se adelgaza y purifica y dispone el espíritu. Porque, así como para unirse con Dios en gloria los espíritus impuros pasan por las penas del fuego en la otra vida; así para la unión de perfección en ésta han de pasar por el fuego de estas dichas penas. El cual en unos obra más y en otros menos fuertemente; en unos más largo tiempo, en otros menos, según el grado de unión a que Dios los quiere levantar y conforme a lo que ellos tienen que purgar.    LI 2,25


Semejanza por Amor

Dentro del Cántico Espiritual San Juan de la Cruz nos comparte el efecto que hace Dios mediante su Amor. Al insertarnos en el Misterio de Cristo, nos transforma en otro Cristo. “Habita en nosotros y nosotros en Él”. Por medio del Amor se da una “semejanza” reciproca: Por un lado somos otro Cristo y Él nuevamente se hace uno como nosotros….Se “Encarna”. Asume nuestra humanidad, nos conoce, sabe y comparte nuestros sentimientos. Semejanza de Amor, Igualdad de Amor. Veamos el texto: 


"…que es verdad decir que el Amado vive en el amante, y el amante en el Amado; y tal manera de semejanza  hace el amor en la transformación de los amados, que se puede decir que cada uno es el otro y que entrambos son uno. La razón es porque en la unión y transformación de amor el uno da posesión de sí al otro, y cada uno se deja y cambia por el otro; y así, cada uno vive en el otro, y el uno es el otro y entrambos son uno por transformación de amor. Esto es lo que quiso dar a entender san Pablo (Gl. 2, 20) cuando dijo: Vivo yo, ya no yo, pero vive en mí Cristo. Porque en decir vivo yo, ya no yo, dio a entender que aunque vivía él, no era vida suya, porque estaba transformado en Cristo, que su vida más era divina que humana; y por eso dice que no vive él, sino Cristo en él."    CB 12, 7        
    

El Espíritu Santo, San Juan de la Cruz.

Nos describe San Juan de la Cruz,  la acción de la Trinidad en la segunda canción de la “Llama de Amor viva”. Nos detenemos en la acción del Espíritu Santo en la persona humana. En este texto le llama “Cauterio suave”.  Nos enseña lo siguiente: 1. Que Dios nos abraza y absorbe en la medida que nos encuentra dispuestos, Dios no violenta nuestra libertad. 2. Es una experiencia de amor tan especial que bien se distingue de los otros fuegos (amores). 3. La acción del Espíritu Santo es Transformante. Importante es disponernos pero no olvidar que Dios lo hace “cuanto Él quiere y cómo y cuándo quiere”. Aquí el texto: 
               

                "Este Cauterio, como habemos dicho, es aquí el Espíritu Santo, porque, como dice Moisés en el Deuteronomio (4, 24): nuestro Señor es fuego consumidor, es a saber, fuego de amor; el cual, como sea de infinita fuerza, inestimablemente puede consumir y transformar en sí el alma que tocare. Pero a cada una la abrasa y absorbe como la halla dispuesta: a una más, y a otra menos y esto cuanto él quiere y cómo y cuando quiere. Y como él sea infinito fuego de amor, cuando él quiere tocar al alma algo apretadamente, es el ardor de ella en tan sumo grado de amor que le parece a ella que está ardiendo sobre todos los ardores del mundo.
                Que por eso en esta junta llama ella al Espíritu Santo Cauterio, porque así como en el Cauterio está el fuego más intenso y vehemente y hace mayor efecto que en los demás fuegos, así el acto de esta unión, por ser de tan inflamado fuego de amor más que todos los otros, por eso le llama Cauterio respecto de ellos. Y, por cuanto este divino fuego, en este caso, tiene transformada toda el alma en sí, no solamente siente Cauterio, mas toda ella está hecha Cauterio de vehemente fuego".  LI B 2, 2